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martes, 29 de junio de 2010

Túneles y chilenas en África (16)

BLATTER, SIN QUERER QUERIENDO
Pro Diego Alonso Sánchez Sánchez

“Después de ojo sacado, no hay Santa Lucía que valga” decían las abuelas colombianas, para expresar que de nada sirve las disculpas después de que uno ha metido la pata hasta el fondo. Y ese refrán aplica perfectamente a las disculpas ofrecidas por el Presidente de la FIFA, Joseph Blatter, después de lo sucedido con Inglaterra y Méjico.

El Presidente de la FIFA tiene gran responsabilidad en lo sucedido toda vez que, por testarudo, a un mundial mediocre, de pocos goles y escasas figuras se le adicionan errores que pudieron haberse evitado si él no tuviera un pensamiento tan retrógrado.

¿De qué sirven las disculpas si ambas selecciones ya están en sus países preparándose para ver los cuartos de final por televisión? Como diría algún desconocido, “el perdón y el olvido son la armadura que te protegen de las bajezas del destino”. Y el destino de los ingleses y los mejicanos se enredó por los crasos errores de los árbitros y por la inconsciencia de quienes dirigen el fútbol mundial, aquellos que no han podido darse cuenta de que el hombre inventó la tecnología para hacer más fácil su vida en todos los campos, incluso en el deportivo.

Sobre el olvido, imposible. ¿Quién puede olvidar que por el error de un árbitro se frustraron las ilusiones de todo un pueblo?, sobre todo después de esperar cuatro años para participar en el evento deportivo de mayor interés mundial. Y no es por llorar sobre la leche derramada, porque nadie sabe a ciencia cierta qué hubiese ocurrido si Inglaterra logra empatarle a Alemania, o si Argentina no logra abrir el marcador en la jugada de Tévez, en fuera de lugar. Lo que sí es cierto es que la historia de ambos partidos cambió gracias a los errores arbitrales, así hayan sido, como dice el Chavo del ocho, sin querer queriendo.

Y se equivoca el señor Blatter si cree en aquello de que de los arrepentidos es el reino de los cielos. Mejor dicho, que el que peca y reza empata. Es obvio que, después de lo sucedido, deba reconocer la urgencia de revisar el tema de la tecnología y su utilidad en un deporte como el fútbol. Ése es un primer peldaño para expiar las culpas, pero no se puede dar el lujo dar pasos de paquidérmico como lo ha hecho en los últimos años, mientras el mundio avanza a la velocidad de la luz.

Ñapa: a propósito de Blatter, que ni se le ocurra pensar en reducirle un cupo a Suramérica para el próximo mundial, el de Brasil. Con lo mostrado hasta el momento por los equipos de este continente, es mejor el toque - toque, aunque de aquello nada, que el fútbol insípido y mecánico de los europeos. Cuatro conjuntos de este lado del charco entre los 8 mejores del mundo lo confirman.

lunes, 28 de junio de 2010

Túneles y chilenas en África (15)

FIFA MEDIEVAL
Por Diego Alonso Sánchez Sánchez

El nombre de esta columna me lo dio un amigo esta mañana, cuando discutíamos y tratábamos de adivinar lo que hubiese sucedido si a Inglaterra le convalidan el gol legítimo de Lampard contra Alemania, y si a Argentina le hubieran anulado el primer gol de Tévez, en claro fuera de lugar. Y no es que estuviéramos jugando a las pitonisas, sino que ambos errores arbitrales, que cambiaron radicalmente el rumbo de los partidos, podrían haberse evitado si la FIFA por fin toma la decisión de aceptar que la tecnología puede aportarle al espectáculo del fútbol.

La discusión ahora no es si les dan el ácido a Larrionda y Rosetti y los devuelven cuanto antes para sus países, sino cómo evitar este tipo de yerros, por demás normales porque los árbitros son humanos. Es arcaico, de la época mediaval y totalmente inaceptable y fuera de contexto el argumento que esgrime la máxima rectora del fútbol mundial de que el uso de las tecnologías le quita lo humano a este deporte. Una cosa es que el error lo cometa un delantero que se coma un gol cantado o un arquero que acuda a la voladora de la guanábana y se haga un gol tonto, y otra muy diferente es que un tercero, sin quererlo como sucede generalmente, con una decisión errada acabe en un segundo errada con el trabajo planificado de un equipo y hasta con las ilusiones de todo un pueblo. Al fin y al cabo, el jugador hace parte del juego y su labor está dominada por la pericia que tenga para desarrollarlo. Por el contrario, el juez está en la cancha para garantizar que el juego sea lo más correcto posible, y si para eso debe acudir a tecnologías que le permitan hacer mejor su trabajo, ¿cuál es el problema? ¿Acaso no sucede en otros deportes como el tenis, en el que los jugadores pueden solicitar al juez ver la repetición de una jugada para saber si la bola cayó dentro o fuera del campo?

Es hora de que la FIFA se modernice y piense en el bien del espectáculo. Sin en mundiales anteriores se ha acudido al video para sancionar a jugadores por situaciones violentas que el central no vio oportunamente, por qué no pensar, por ejemplo, en instalar chips en los balones o en la propia cancha que permitan saber si un balón traspasó o no la línea de gol? Serían unos segundos de más, en aras de la justicia.

Además, si recientemente se tomó la decisión de modificar los balones con el objetivo de mejorar el espectáculo haciéndolos más livianos y de esa forma más difíciles de dominar para los porteros, ¿por qué no pensar que la tecnología sirve también para controlar ciertos errores humanos que desdicen del espectáculo? Es más frustrante para un hincha saber que su equipo perdió por una mala decisión arbitral que por la mala puntería de uno de los delanteros de su equipo. Además, con seguridad que induce más a la violencia el error arbitral que el del jugador.

Así que, si la FIFA no se moderniza a la par con la tecnología, seguiremos viendo en los mundiales a muchos equipos con 10 jugadores colgados de los palos de su propia portería y esperando a que la defensa de su rival o el árbitro se equivoquen… tal como ha sucedido en varios encuentros de Sudáfrica 2010.

domingo, 27 de junio de 2010

El mundial desde la casa (17)

EL ÁRBITRO, LA HUMANA IMPERFECCIÓN DEL FÚBTOL
Por Jhon Jaime Osorio

Hoy se celebró en Colombia el día del padre, pero ningún papá tuvo tantas menciones y ninguno fue tan recordado como las mamás de los señores Larrionda en Uruguay y Rosetti en Italia. El escándalo en Sudáfrica había sido por cuenta del famoso balón Jabulani, de las declaraciones de Maradona, de las inofensivas y sonoras vuvucelas y de las pataletas de los franceses; pero hoy la gran polémica del fútbol volvió a su detonante natural: los árbitros.

El gol que no le otorgaron a Inglaterra era gol legítimo de Lampard y el de Tévez fue en claro fuera de lugar. En ambos casos, el asunto no es de apreciación; son crasos errores de las ternas arbitrales. Tanto ingleses como mexicanos se vieron tan afectados que no pudieron superar el trauma de la decisión. Conclusión: el hombre de negro incidió en el marcador.

En el fútbol, el árbitro siempre estará estigmatizado. Representa la autoridad y corre más que cualquiera de los 22 jugadores, porque está obligado a hacerlo. Sus decisiones siempre serán injustas, imprecisas, parcializadas, acomodadas o equivocadas. Nunca sacará un 10 perfecto en calificación. Es la excusa perfecta para un mal resultado. No es casual que siempre vista de luto. Es un ser con una gran responsabilidad, un componente vital del juego; pero es un actor subjetivo y por eso siempre será cuestionado y se convertirá en el ser más vulnerable en la cancha. Es “arbitrario por definición” dijo alguna vez Eduardo Galeano.

El árbitro siempre será el antihéroe del fútbol. No es un ser divino, es un humano, como usted o como yo, y como tal, se equivoca. Hoy Larrionda es odiado en Inglaterra y Rosetti en México. La pregunta es si Larrionda y Rosetti, por vestir de negro, por ser los jueces designados, por representar la autoridad y por tener un pito, tienen el derecho de jugar con la ilusión de un país o de un continente completo. Yo creo que no debería ser así; pero gracias a la FIFA lo es.

La FIFA le sigue apostando al error humano. Un chip en el balón y en la línea de meta podría haber evitado la desilusión británica. La tecnología es un invento del hombre para desarrollarse, ¿Por qué la FIFA le dice que no? Si uno piensa mal, podría decir que es para seguir “manejando” el espectáculo; si uno piensa bien, podría afirmar que lo hace porque la real gracia del fútbol está en esa imperfección.